Viaje a Raymond, Maine


Llegamos a las siete y media a Raymond, Maine; los últimos cinco minutos del recorrido me llevaron de regreso a casa de mis papas, ya que el camino estaba rústico y sin pavimentar, además estaba rodeado de un bosque con árboles altísimos únicamente iluminados por la luz de la luna, tal como la entrada al condominio donde viven mis papas en Colombia. Sentí la necesidad inmediata de abrir las ventanas y el techo del auto para sentir, lo que llamo yo “el olor a campo”,  también poco a poco empezamos a sentir los sonidos de aves y del agua y estos de alguna u otra manera, nos reconfortaron después de cinco horas de viaje.


Este fue nuestro primer viaje desde el 11 de marzo que llegué a Estados Unidos e inmediatamente entré en cuarentena. Al llegar las luces del carro iluminaron completamente la pequeña cabaña verde y de fondo se veía el lago, primero nos recibieron los perros, que uno a uno salieron de casa corriendo dándonos la bienvenida con bien lo saben hacer esos amigos caninos. Segundo apareció toda la familia que rápidamente nos ayudo a cargar todo nuestro equipaje. Al entrar a la cabaña, lo primero que se guardó en mi memoria fue el olor a madera esfumándose en el fuego de la chimenea, luego aparecieron las copas de vino tinto, las risas, el calor de familia, de lo que fue un fin de semana reconfortante, de nadar  bajo la lluvia, de recorrer en lancha cada rincón del lago y mirar cada tarde todos sentados en muelle los atardeceres que nunca se repiten. 


Manténganse inspirados,

Lucia.



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